2 Mayo 2007
Este fin de semana pasado fui a Santiago con una amiga.
Era estupendo. A pesar de que había muchos turistas, me divertí muchísimo. Me quedé en la casa de una familia que vivía en la calla Huertas a unos dos minutos de la catedral. Le conocí a Alecia en el avión y ofreció acercarme al hotel. Después de insistir mucho, dije que sí y que era muy amable. Sus padres nos recogieron del aeropuerto y nos llevaron al centro. Resultó que el hotel donde había reservado estaba fuera de Santiago aunque en su página Web anuncian, “5 minutos del centro.” Entonces, la familia nos ofreció quedarnos con ellos en la planta segunda de su casa por diez euros el día. Asentimos. Todo nos salió muy bien hasta el último día cuando el cable de la microondas explotó y salía chispas y fuego de la pared. Ahhh! Bueno, no fui yo la culpable pero de todas maneras me dio vergüenza ver la mancha negra que se quedó en la pared después del espectáculo de pirotecnia. Aparte de eso, no había ningún otro problema.
Pasé mucho tiempo dentro y fuera de la catedral, deambulé por las calles, fui al museo del peregrino, probé la cerveza Estrella Galicia que me gustó mucho, probé unas muy buenas empanadas, fui a A Coruña, saqué demasiadas fotos, etc… Total, lo pasé muy bien. Creo que lo que más me gustaba hacer era sentarme en la Plaza Obradoiro y observar a la gente, sobre todo a los peregrinos que habían acabado de llegar. Era interesante ver la emoción en sus caras y el cansancio/alivio de sus cuerpos. Algunos llegaron a bicicleta y otros a pie. Un día hacía sol y el otro llovía. Los que llegaron en la lluvia estaban cubiertos de lodo y bien mojados, pero eso no les impidió disfrutar de ver por primera vez la vista magnífica de la catedral después de su peregrinación.
Espero yo poder hacer el Camino entero un día. Tal vez estará alguna persona observándome a mi cuando llegue.
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2 Mayo 2007
La semana pasada salí del piso con la intención de buscar imágenes de Santiago en las iglesias de San Andrés y la de San Isidro. Estaba lloviendo mucho y aunque andaba con paraguas la lluvia me empapó casi hasta el culo. Como si no bastara que llevara ropa completamente mojada, cuando llegué a las iglesias, las dos estaban cerradas. Bueno, “otro día” me murmuré. Entré en un bar para escaparme del aguacero y con cada paso, me salió de los zapatos unas gotas de agua. Así, squish, squish, squish… y luego me sentí y me tomé un buen café bien caliente. Creo que era en este mismo momento que dejo de llover. El día entero tenía frío y andaba anunciando que llegaba, squish, squish, squish. Ni modo…
El siguiente día, me levanté tempranísimo como que la investigación era para clase aquel mismo día. Salí de casa, caminé hasta la iglesia de San Andrés, que estaba cerrada, y luego a la iglesia de San Isidro que por suerte estaba abierta. Entré en medio de la misa. Me senté, escuché y observé a la gente. Me pregunto como siempre qué es que va a pasar con la iglesia en el futuro. No veo nada más que gente mayor. Estas personas tienen fe y creen en algo en el cual casi nadie de las generaciones jóvenes cree. Bueno, después me pierdo en pensar en las musarañas. Después de que terminó la misa pasé por cada rinconcito de la iglesia y encontré una escultura de un hombre con bastón, traje de peregrino, muchas conchas y un perro a su lado. Se me acerqué a un hombre que trabajaba en la iglesia para preguntarle si se podría sacar fotos y también para preguntarle de la imagen que había visto. Me dice, “Sí, es Santiago” y “No, no hay ninguna otra imagen de Santiago aquí, aquí no.” Bueno, en clase resultó que en realidad no era Santiago sino otro santo peregrino que siempre tiene un perro a su lado para lamer sus heridas de lepra. Y ya está. Todo eso fue mi experiencia de buscar imágenes de Santiago en las iglesias de Madrid.
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23 Abril 2007
Estoy investigando sobre arquitectura y arte en Santiago de Compostela para mi trabajo final para el profesor Ramón. Lo he encontrado bastante difícil encontrar artículos para este trabajo. O son artículos con muchos términos técnicos o son artículos que mencionan el Camino una solavez.
Bueno, no pasa nada. Aunque no he podido llegar a Santiago de Compostela a pie como peregrina, voy a llegar por avión este fin de semana…Digo yo, mejor que no ir. Espero que la ciudady su gran catedral me inspiren alguna idea buena para el trabajo final.
¡Ultrella!
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12 Abril 2007
Pienso de menudo en los a quien conocí en el Camino de Santiago, por ejemplo, el alemán Peter. ¿Me pregunto si haya encontrado la solución de su situación?Me imagino que no esfácilcambiar de trabajo después de 22 años. Y el francés, el que era monje hinduista y que enseñabaAta yoga en Madrid,¿se ha encontrado la respuesta a supregunta? No lo sé. Solemente lo puedocontemplar y desearles la mejor suerte.
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12 Abril 2007
Después de dos semanas de vacaciones, es difícil regresar a la rutina de la vida académica, sobre todo con todos los proyectos finales. Pero, bueno, aquí me encuentro, en clase, escuchando al profesor Larrañaga hablar del esplendor del Camino, las causas y las manifestaciones de dicho esplendor. Luego, se centra en las causas del esplendor del sistema feudal y como la expansión económica, social, cultural, demográfica y territorial lo permitieron. Con el sistema feudal, se produce el sometimiento de los campesinos anteriormente libres a una clase feudal y por tanto, no queda tierra sin Señor. Es decir, los campesinos ya no pueden ser propietarios y necesitan la protección de un Señor. Desde los campesinos por arriba, se crean lazos y vínculos de dependencia personal que se llama un sistema vasallaje. Así que tenemos al rey como cabeza, luego los nobles y luego los campesinos. Pero estas relaciones me parecen bastante precarias. El noble tal mata al rey tal y luego toma su trono. Para tomar el trono, el hermanastro de tal rey le mata, etc… Luego, el profesor nos comenta que puede parecer que está hablando de cosas muy raras y que ¿qué tienen que ver con el Camino de Santiago? Es que quiere que entendamos la historia y el fondo de todo. Bueno, tengo curiosidad de ver que diga el jueves que viene y cómo nos resuelva el misterio.
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13 Marzo 2007
Este fin de semana pasado fuimos a hacer una pequeña parte del Camino de Santiago, desde Burgo Ranero hasta León, unos 36 kilómetros. Llegamos al Burgo Ranero el jueves por la noche y nos quedamos en un hostal. Después de una noche larga sin poder dormirme, me levanté muy cansada pero con muchas ganas de empezar. Me puse en camino con el gran Jeff, quien era mi compañero de caminar durante la mayoría del camino. El camino mismo era al lado de una pequeña carretera y la tierra era planísima. No había mucho que ver en el paisaje. Bueno, eso no quiere decir que no había nada, nada. Nos hicimos amigos de unos ratones y unos perros que nos acompañaban de vez en cuando en el camino, nos saludaron unos hombres que iban en sus tractores por la carretera y vimos mucho, pero mucho cielo. Hacía el tiempo ideal, un poco de frío, pero nos calentaba las caras el fuerte sol. Caminamos, caminamos y ...caminamos unos 17 kilómetros hasta llegar a Mansilla de la mulas, un pueblo precioso. La gente nos dio una bienvenida cálida, nos indicaron cómo llegar al albergue y nos contestaron toda clase de preguntas. Todos eran muy amables. Nos quedamos en un albergue esta noche, el del Lobo suelto, o sea, un hombre alemán que se llamaba Wolf. Era un alberque limpio y agradable con agua caliente y califacción. Esa noche conocimos a un hombre alemán de Munichque se llamaba Peter y a dos japonesas de Tokio que se llamaban Misaki y Tomoko. También estaba Pedro de Middlebury y todos cenamos juntos, una cena magnífica tipo hobo preparada por Pedro mismo con queso, roscas de yema, naranjas y un vino típico de la zona.
Al siguiente día, después de otra noche de insomnio (Aunque llevaba tapones, me encontré participando en una fiesta del bar al lado del albergue. Oía la música fuerte que salía de las puertas del bar, escuché la conversación celular de un borracho justo fuera de la ventana, “Dime que me quieres cariño, dime. ¿No? ¿A quién más quieres, eh? (grita) ¿A quién?...”), me levanté con más ganas que nunca de caminar hasta León donde me esperaba la catedral hermosa. Al empezar el camino, Jeff y yo conocimos a un hombre francés que era monje hinduista que enseñaba Ata yoga en Madrid. Llevaba la ropa naranja y hasta los calcetines y la manta eran naranjos. Nos dijo que era vegetariano, que le gustaba meditar y que no comía ajo ni cebollas. Los tres llegamos en León después de unos 20 kilómetros y varios descansos, todos con muchas ganas de sentarnos y de comernos algo fuerte. Esta noche nos quedamos en el albergue de las monjas. Hablamos un poco con Sor Ana María, una monja que se metió en el convento a los 18 años, que era muy amable pero me parecía que quería que nos metiéramos como monjasen el convento también. Esta noche, por fin, dormí como un muertoy me levanté la siguiente mañana completamente reforzada. Estaba lista para dar clase con Profesor Ramón en la catedral de León. La clase era interesantísima y aprendimos mucho de la catedral y de la basílica. Regresamos en autobús y ya está. De momento, me duelan los hombres de tanto caminar con una mochila tan grande. Creo que parecía a una tortuga. Estoy emocionada de regresar a hacer otras etapas del Camino durante las vacaciones.
Preguntamos a todos los peregrinos a quienes conocimos por qué hacían el camino. Uno había perdido su trabajo de 22 años y quería tiempo para pensar en lo que iba a hacer luego. Otro, iba a dejar un puesto y no sabía que hacer después. Otro lo hacía con interés puramente turístico. Otro, lo hacía porque ya lo había hecho una vez y quería hacerlo otra. ¿Y yo? Bueno, claro que lo hice porque era obligatorio, pero ¿tenía otras intenciones? Sí. Yo necesitaba tiempo para pensar en unas cosas que están pasando en mi vida de momento. Necesitaba salir del caos de la capital. Necesitaba el desafió físico para aliviar un poco de tensión. Necesitaba hacerme amiga de la naturaleza durante un rato para calmarme el alma. Necesitaba respirar el aire limpio y puro. Necesitaba un poco del silencio aplastante para reflexionar y para oír lo que me decían la voz de Dios y también mi propia voz.
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5 Marzo 2007
Entrenarme ha sido algo difícil de hacer. Es quetodos losdías me encuentro sin ganas de hacer ejercicio. Cuando la clase del Camino empezó, me juré que iba empezar a entrenarme. Bueno, ahora puedo decir que me ha sorprendido como haya volado el tiempo y ya casi estamos en la víspera de caminar y sufrircon todos los otros peregrinos. Yo no siento que estoy lista. Sin embargo, empezé el fin de semana pasado a correr, caminar mucho y levantar pesas. No sé si esta semana corta de ejercicios me va a servir para este fin de semana, pero menos mal que no haber hecho nada. Como que voy a ver estefin de semanacuan difícil es caminar tanto, creo que me va a animar a entrenarme con más intensidad hasta la semana de prueba!
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23 Febrero 2007
El proceso de obtener la credencial del peregrino me resultó una peregrinación en sí mismo. Después de buscar y ubicar la Asociación de Amigos del Camino de Santiago, salimos del piso sobre las siete de la noche con el objeto de regresar con la credencial en mano. Sin embargo, lo que se quiere y lo que se recibe a veces no coincide. Subimos en el ascensor a la planta séptima y después encontramos la puerta B. Vi el timbre y justo antes de pulsarlo, me di cuenta de que no había un buzón físico sino un agujero donde debía estar y dentro de este, una bola de papel. Bueno, se debe optar por sacar un bolígrafo para presionar el papel allí dentro para que suene el timbre, ¿no? No. Si quieres sonar el timbre para siempre y si quieres anunciar a todo el mundo “eh, mírame”, sí. Como se pueden imaginar, después de pulsar el papel que seguía pulsando el timbre, el ruido fuerte y espantoso que salía desde dentro de la oficina B no dejaba de molestarnos. Aaron, mi compañero en la búsqueda de la credencial misteriosa del peregrino del Camino de Santiago, frenéticamente intentaba quitar la bola de papel para que dejara de sonar el timbre. Después de unos momentos de pánico y muchas respiraciones profundas, el timbre dejo de molestar. ¡Uff! Ahora, a esperar. Pero ¿qué me preguntas? ¿Si alguien abrió la puerta para darnos la bienvenida (o una mirada llena de fastidio)? Bueno, si esta era la pregunta, la respuesta es no. A pesar de que era la hora que Lena nos dijo que debían estar abiertos, nadie abrió nada. Allí esperábamos, unos pobres buscadores de credenciales del peregrino del Camino de Santiago.
Por fin, hemos obtenido las credenciales. Fui al Arzobispado de Madrid hoy con la esperanza de poder hablar con un cura verdadero de España. Esperaba con anticipación la experiencia religiosa de oír lo que me dijera un cura profundamente católico. Hombre, ¿pero por qué me creería tener tanta suerte? Llegué justo después de que se había marchado y el guardia del edificio simplemente me dio la credencial y ya. Nada emocionante. Así era mi proceso de obtener la credencial.
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